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jueves, 17 de abril de 2014

Quizás.

Lo toqueteábamos todo. 
Quizás porque ya no éramos tan niños o porque era nuestra forma de gritar a la vez, seguíamos siendo unos idiotas, unas MM.SS, una explosión de confeti que una vez que explota ya no está, quizás porque esos trozos de papel se los lleva el viento, o el papel se enamoró del viento y se fue con él o simplemente decidió quedarse en el suelo porque había llegado su hora. Explotábamos así unas cuantas veces al día y no era perfecto, ni era lo que se supone que tenía que ser porque de hecho ni era, tampoco había principios ni finales y por supuesto hacía muchísimo frío. Era rematadamente bonito porque estábamos desafinados y lo juntábamos todo. Recuerdo el día que aprendimos a poner una lavadora, me estuve peleando con ella media hora y una llamada a mi madre y unos cuantos intentos después funcionó y él me miró como si se acabase de dar cuenta de que estábamos vivos, de que esta era nuestra vida y esa era nuestra ropa que giraba y giraba y giraba sin parar. Para celebrarlo hicimos nuestra primera tortilla de patatas, y joder, te observaba mientras cortabas cebollas y patatas, tirabas todo y te quemabas con el aceite mientras pensaba que ojalá pudieses verte como te veía. Sonreíamos y yo me paseaba en ropa interior por una casa demasiado fría en la que casi no había nada, excepto tú. Curiosamente, ahora me sigo paseando en ropa interior por una casa bastante caliente dónde hay de todo excepto tú, que como ya sabemos no estás, porque nunca estuviste.

1 comentario:

  1. Ojalá tú juntando todos tus tweets y escribiéndolos aquí de golpe. Aunque quizá explote todo, jajaja

    Me ha encantado.

    Ese caos, ese estar como desconocidos, o no estar como conocidos, o al revés, la vida cotidiana, el amor, el desamor… lo has plasmado a la perfección.

    Un besito

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