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jueves, 27 de diciembre de 2012

Es imposible no entenderlo.

Hoy necesité volver a verme reflejada en las vidrieras leyendo sin leer las letras de la edad de la gente que ya no vive porque está muerta.
Necesitaba volver a ver reflejado en esos cristales como se va oscureciendo, y que esas letras sólo se visualicen gracias a velas artificiales o a velas de verdad que se van consumiendo hasta que sólo queda el plástico exterior.
Necesitaba ver las flores que alguien puso ahí con su mejor intención, aunque no creo que duren más de 3 días sin agua.
Necesitaba sentarme en un escalón de algún mausoleo privado que pertenece a una de las familias con más influencia y así,  fumarme un cigarro con ese  silencio de cementerio de fondo, a solas con mis pensamientos repetitivos, y después ponerme los cascos y escuchar una de esas canciones que perduran en el tiempo porque son demasiado buenas.
Al perderme entre todas estas cosas, la navidad parecía algo superfluo y lejano, ya que ahí no se hace notar ya que sigue igual que en cualquier otra estación del año. Impasible. Inmutable. Eterno. Como el mundo ideal de Platón, las ideas míticas, los libros realmente buenos, el buen cine o los momentos que tienes retenidos en el cerebro que no vuelven pero que solo son tuyos, y puedes volver a ellos cuando quieras, porque están ahí, bailando en tu cabeza.



lunes, 24 de diciembre de 2012

45 minutos de viaje en mi imaginación.

Nos hacemos cargo de nuestros pensamientos autodestructivos, de nuestros vicios y virtudes, nos hacemos cargo de alguna gente, de algún familiar. 
Hacemos las canciones nuestras cuando te parten en dos, cuando te recuerdan a alguien o a algún momento especial.
Reconocemos a las personas por su olor, y a veces ese olor se te queda metido muy dentro durante horas aunque esa persona ya ni esté contigo.
Dejamos que algunas personas te destrocen, porque tienen algo fantástico que hacen que pierdas el culo por ellas.
Bebemos para no vernos, rezamos a un ser superior en el que no creemos para no encontrarnos con ciertas personas, aunque luego si las vemos se nos cae el mundo, porque nos rompen los esquemas.
Nos juramos que jamás volveríamos a caer en lo mismo, pero no somos de piedra.
Nos sorprendemos con la belleza del mundo, esas sutilezas que puedo percibir de una forma especial que me hacen creer que no sirvo para la vida.
Nos enamoramos de prendas de ropa, de zapatos, de colores, de formas, de personas.
Vemos películas que te teletransportan a otros lugares mejores que este en el que vivimos, leemos a los clásicos para no sentirnos tan solos con nuestro dolor universal, nuestras angustias existenciales, nuestros pensamientos repetitivos que no se van, pero que necesitamos leer en algún sitio, en algún autor ya muerto para que todo tenga más sentido.
Nos bañamos en el mar en pleno invierno, solo para sentir el frío de golpe, toda la electricidad, todos los pelos disparados en todas direcciones.
Buscamos lo que no encontramos, queremos lo imposible, reiniciamos nuestra vida todos los días esperando que no duela, aunque en realidad nos guste el dolor, porque significa que todo sirvió para algo con la absurda importancia que le diste y que en realidad no merecía.
Estudiamos para ser alguien en la vida, llegar a algo, pero llegar a qué.
Nos cuestionamos todo lo establecido, hacemos manifestaciones, protestamos pacíficamente, pero nos timan, nos pisan y se ríen en nuestra cara, empezando por los compañeros de instituto que tenías en la ESO.
La vida se nos escapa entre los dedos, como las series infantiles que veías de pequeña que ya no existen.
Pese a todo esto, parece que vivimos toda nuestra vida en el tercer trimestre, como si esperásemos que alguien apareciese con una varita mágica y nos judgase analizando todas nuestras elecciones y acciones, ya que a nosotros nos cuesta demasiado.
Dejamos las cosas a medias cuando hay riesgo, pero no somos libres, tan solo seremos libres cuando no haya más que perder, pero siempre perdemos algo o a alguien. Estamos limitados por nuestra inconsciencia. Sondeamos los límites de nuestras propias limitaciones, el eterno quiero y no puedo, la teletienda, la felicidad artificial, la lotería, el consumismo, el tabaco, los gatos callejeros, la ceniza que estropea las alfombras suponiendo que las haya, la gente que tiene la elegancia de gatos o de plantas, la vida misma.
Que sí que pudo ser un amor del montón, pero todo el montón era mío, que sí, que prefiero saltar de una vez sin mirar y quiero que tú me sigas, que sí que el maldito bicho que te haya picado bien que se merece un documental, pero esto ya no va de lo que quiero, ni de bichos que se merecen documentales, si no de sentimientos mezclados, sensaciones, las fiestas que hay en tus ojos que yo no me quiero perder, los chispazos de luz que irradiamos, tus paranoias, las mías, ¿Me concedería ud. este baile?.
Joder, miénteme, dime que me quieres. 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Ahora.

Ahora que ya no somos los mismos, ahora que ya no nos buscamos para vivir nuestra vida en vez de matar el tiempo, ahora que sigo tan o más o igual de perdida que siempre, ahora que ya no compartimos cosas, ahora que estamos más muertos que vivos, ahora que nada es suficiente, ahora que nos sobran las palabras, los motivos y las ralladas, ahora que todo está tan claro y a la vez es tan caótico puedo verte cuando no me ves conduciendo, buscando romper el cristal y entrar en otra cosa, pero aunque lo rompas y entres, te da miedo e intentas pegar los trozos y hacer como que no pasó nada. Pero el cristal ya está roto, ya lo rompiste, ya estás dentro.
Pero la cuestión no es esa, la cuestión es que lo que realmente me gustaría es clavarme un cristal, que saliese sangre, mucha, y no llorar.


viernes, 14 de diciembre de 2012

Lady Writer es el sitio dónde quiero

que empiece mi cuerpo cuando vuelvas y me toques, pero tú no vuelves y si vuelves es sólo a medias porque tu risa emite una señal y luego te arrepientes.
Es esta mezcla de confusión total, tu mirada atlántica, tus idas y venidas, este frío atroz y esta navidad depresiva que no me dice nada nuevo.
Díme dónde están tus ganas, el tú del principio, el de las locuras, el de dejarse llevar, el de atropellar nubes con un Citroën un domingo yendo a Vigo solo por ir, sintiendo la libertad inyectada en las venas, el humo de uno de los 20 cigarros de esa noche escapándose por la ventanilla y en la radio sonando algo motivante o no tanto.
Ayúdame y te habré ayudado, que hoy he soñado, con otra vida, con otro mundo pero a tu lado.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Ha sido divertido.

De alguna forma había que salvarse de todas esas cosas de las que nadie puede salvarse, de alguna forma había que huir, romper con todo, reconstruír el pasado en dos segundos y llorar después, pero ya no hay droga que nos salve, como de costumbre.