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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tus miedos son solo metafísicos.

Debería volcar lo poco que queda de esta relación que no nos lleva a ningún sitio, debería hacer un corte limpio y profundo y esperar a que cicatrice, aunque se vuelva a abrir y continúe abierto meses, hasta que lo cosa a regañadientes y los puntos se disuelvan entre tanta sangre, salpicando todos esos lugares extraños en los que estuvimos cualquier día anterior a este y quien sabe algún día las encontrarás, te recordarán a algo y te llevarán inexorablemente hasta mi. Y ahí estaré yo. Como siempre. Esperando quién sabe qué.
Aún así desgasto las calles con la mirada por si apareces por allí, como una exhalación, un suspiro interminable o el aire helado que fuiste y que vino a traición, impidiéndome avanzar.
La última vez que nos encontramos te quise como siempre me juré que nunca te querría, para poder decirte destrucción y que tú me entendieras, para poder verte a mi lado en aquel espejo deslustrado de aquella casa en aquel mes fuera de contexto. Para en navidad poder verte con veinte camisetas, una encima de otra porque no eres capaz de abrigarte mejor, y el vaho que sale de tu boca fusionándose con el humo de ese cigarro que fumas mientras te pierdes en tus miedos metafísicos y pasa un bus, un coche, alguien en una terraza grita te amo, y fuera hace un frío horroroso.