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domingo, 15 de julio de 2012

Y todo lo demás está demás.

Tu mechero rojo me devuelve la mirada e intento descifrar si el marrón de mis ojos es tan claro como el de aquella puerta que visualizo en mi mente, pero siguen igual de oscuros que siempre.
Creo que ya sabías que esta taza estaba más rota que de costumbre, pero jugamos a echarle agua a ver cuanto aguantaba en escurrirse lenta y dolorosamente hasta volver a lo que era.
Tengo claro que un día te levantarás y cogerás esa taza con ambas manos y quien sabe si inconscientemente se te caerá al suelo por accidente (quiero creer) y se romperá en mil trozos, y ya no cabrá nada más dentro, ni tan siquiera una gota de ese vino que fingía ser agua, ni un cubata con MD, ni nuestros sueños, ni siquiera cabrá oxígeno. Igual te apena que se haya roto, pero dejarás de pensar en ello y volverás a tus mundos mentales paralelos y la dejarás allí en el suelo.
Si de verdad te importa que se haya roto intentarás repararla, pero como nunca le prestaste atención de verdad no sabrás hacerlo porque ni siquiera eres capaz de repararte a ti mismo y como tampoco tienes paciencia harás una chapuzada y conviertes la taza en otra cosa diferente, pero la dejas ahí aparcada, porque quien sabe, igual te vuelve a servir más adelante.
Esa taza va cogiendo polvo hasta que un día la encuentra otra persona que es capaz de arreglarla, y te la pide, y como ya te habías olvidado de ella porque ya tienes una fija y siempre puedes conseguir más se la das.
Pasado un tiempo vuelves a ver la taza en otra casa desconocida, y está irreconocible y todo te vuelve a la mente de golpe, pero ya no podrás hacer nada, porque la taza no era una taza, era una persona.
Era yo.

jueves, 5 de julio de 2012

Le quiero aunque

no juguemos en la misma liga, no nos entendamos con palabras y él esté con otra cosa en la cabeza el 85 por ciento del tiempo.
Le quiero por apreciarme de una forma especial, por aportarme cosas nuevas, por arriesgarse, por su carita de niño bueno, sus ojos azules y su sonrisa, que me hace creer en un mundo mejor.
Le quiero porque somos pura adrenalina y pura magia, porque me resulta indescifrable y enigmático, por su inteligencia. Le quiero porque es incapaz de cuidar de si mismo. Porque el día de Septiembre que empezó todo descubrí que cuando hace frío la mayoría de las cosas van más deprisa, o llegan antes.
También porque creo que es bueno que las vidas tengan varios círculos. Pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez y no del todo. Falta lo más importante. He escrito mentalmente tantas veces su nombre dentro...
Se supone que debía ser fácil ¿Tienes frío? sé que a veces lo hago un poco difícil.
Así que desde aquí y mentalmente te mando un beso, si me oyes, mándame tú otro.