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lunes, 23 de abril de 2012

Te duele el corazón al recordar su sonrisa.

Tenia una mirada triste y esa decadencia de quien va por la vida como quien ve llover. Su facciones y su forma de vestir hablaban de cómo malvivía por la ciudad, con sus cascos y su música a todo trapo, algún que otro cantante drogadicto ya muerto, con un pitillo en la mano y su bolsa violeta como mejor aliado.
 Llegar tarde siempre, romper las reglas y provocar eran su tarjeta de presentación.
Aparecía de la nada en los lugares más inesperados, con esa mirada hipnótica, con esa alegría, con esa sonrisa.
Recordaba vagamente a un rockstar con esa facha de me da todo igual.
Controlaba de música y a veces me sorprendía con algo de Jazz y otras con grupos que solo suenan a él. Siempre eléctrico, siempre tan indescifrable. Desprendía personalidad por cada poro de su piel. Éramos pura magia, puro arte. 
Era una sensación, un sentimiento, un olor, un momento, un pitillo a medias, tardes compartidas, un montón de angustias, llamadas de todo tipo, alguna mentira, miles de proyectos, ganas, delirios, frases y sueños. Y cómo no, pura adrenalina. 

jueves, 19 de abril de 2012

Tengo llamadas perdidas pero tuya no hay ninguna.

Tus promesas están flotando por doquier, reflejándose en los charcos, pasando por las calles más remotas, entrando por la ventana de tu casa, en los lugares en los que coexistimos en un momento del espacio y el tiempo pero para ti es como si fueran ajenas porque no las asumes como propias, las lanzas al aire a ver si suena la flauta y me las creo, pero no las dices en serio. Sólo son promesas que se están diluyendo como lágrimas en esta lluvia extraña de abril. Promesas que no valen nada.

martes, 10 de abril de 2012

Last Night.

En estas horas muertas en las que ni escribir me consuela, me balanceo entre lo que quiero y entre lo que debería hacer, y pienso que quizás tú estarás en esa casa con esa persona que tiene algo que yo nunca podré igualar haciendo cualquier cosa sin morirte de frío debiendo estar estudiando en vez de escribir todo esto.
Y ya no volveremos a ser los que éramos y a nadie le va a importar si soy capaz de escribirte tonterías en hojas medio rotas y metértelas en tu chupa de cuero para que un día indefinido las encuentres y sonrías, o si me desquicio en mi casa pensando mientras suena una canción que para tí será más indiferente que este silencio que soy incapaz de sostener, y en la tele pondrán una de esas películas buenas o no tanto que seguramente tu ya verías otra tarde lluviosa antes de conocernos. En este segundo, las cosas que nos dijimos están resbalando por los rincones de esta ciudad, con estas ganas de follarte hasta las ganas y fumarme un pitillo con un café delante y poder meterme mis angustias en otro sitio y que todo vuelva a ser normal. Pero no lo consigo y eso me destroza quizás más que esta ausencia de ti.

martes, 3 de abril de 2012

Gritando silencios.

El día que te encontré emitías como una señal que gritaba socorro, en silencio, mientras alrededor flotaba la gente medio borracha de cualquier fin de semana como otro cualquiera. Pero ese fin de semana fue diferente. De alguna forma extraña capté eso y me fijé en ti, entre todo ese gentío. Algo me atraía como un imán y otra cosa me decía que no, que tú no eras para mí. A la vez sentí que yo podía protegerte y no sé ni cómo acabé con tu número de teléfono. 
Al verte después de esa noche volví a sentir eso con mas intensidad. Me transmitías una inquietud indescriptible y una ternura casi como cuando ves a un padre contestando las preguntas de su hijo de cuatro años. 
Pero increíblemente esa tarde estabamos ahí los dos. Me ofreciste un cigarro Winston y hablamos de Cine. Después me dijiste que fueramos a tu casa y yo me negué pero al final me convenciste. Ahí empezó todo esto, y tiene gracia porque antes esa calle no me sugería nada y ahora creo verte en cada charco, en cada coche, en cada autobús, en cada farola, en cada semáforo en rojo, subiendo y bajando la calle y casi nunca eres tú.

Porque buscando tu sonrisa estaría toda mi vida.

Pero esta vez, necesito volver a encontrar mi lugar en el color de tus ojos, que me digas por millonésima vez que estoy muy guapa y que me vuelvas a decir que me das la pava del cigarro, y que después de darle dos caladas, me lo pidas y te lo termines fumando tú. Necesito respirarte y pensar por un momento que parece perfecto, que realmente nos queremos y que nos necesitamos. Necesito que me digas ven, porque si tu me dices ven, lo dejo todo. Que te rías de mi música y que me digas que me parezco a personajes famosos de cuando eras pequeño, que me recomiendes películas y volver a mi casa después de uno de esos encuentros locos, pero fugaces parecidos a tantos otros, pero a la vez diferentes, inundada de esa felicidad artificial y esas ganas de hacerlo todo y no olvidarlo nunca mientras suena una de esas canciones tan tuyas y me dices adiós con la mano y yo me alejo sin mirar atrás y tú cierras la puerta de tu casa.